BERLÍN ORIENTAL

Mi esposa y su mamá consiguieron ir a Berlín Oriental. El muro había caído el año anterior. Trataban de encontrar el cementerio y el túmulo del padre de mi suegra, el abuelo de mi esposa. Se quedaron dos días en Berlín Oriental. Arrendaron una pieza en una vieja casona de un barrio viejo. No se veían comunistas explícitos, pero las calles estaban vacías y obscuras (y frías) como en la época comunista. Las informaciones del gobierno eran confusas debido a las grandes cantidades de documentos que habían sido quemados. No fue posible encontrar el túmulo procurado. Al tercer día, tomaron un tren hacia Berlín Occidental (el pase ya era libre).

Todas las personas de Berlín Oriental miraban con desconfianza a los alemanes de Occidente. La propaganda comunista durante decenas de años había sido tan intensa contra el Occidente, que a la mayoría de los berlineses les daba miedo contactar los occidentales. En el tren, se sentaron junto a una pareja de adultos mayores. No se hablaron ni una palabra. Hasta que el señor de edad rompió el hielo, preguntando a mi mujer y mi suegra de que parte de Alemania eran que hablaban un alemán con acento tan diferente. Cuando ellas les dijeron que no eran alemanas de nacimiento y solo tenían pasaporte alemán, y que habían nacido en Brasil. La pareja se abrió totalmente. Él era jubilado y ella también. No tenían hijos y nunca quisieron tener para no someterlos a los sufrimientos que el Partido Comunista de la RDA les hacía sufrir a ellos. Preferían quedarse sin hijos que dejar herederos bajo el yugo comunista. Contó que para poder vivir o sobrevivir en forma lo más humana posible, ella se había filiado al PC de la RDA, pero apenas para evitar ser molestada por la policía política: la STASSI. Él se recusó a ser miembro del PC y por eso tuvo innúmeros problemas y dificultades en toda su vida.

Mi mujer y mi suegra se quedaron de boca abierta, cómo era posible que una pareja, desde joven se recusara a formar una familia con hijos solo por causa del Partido Comunista. Cuando me relataron eso, yo también me quedé con la boca abierta y entendí como debía ser malo y cruel el sistema comunista para que eso pudiera suceder a un matrimonio. Me convencí que el comunismo es una desgracia, un espanto de sistema malvado, en todo lugar.

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