EL ATAQUE A BRASÍLIA

Mucho nos ha consternado el ataque a los palacios sedes del poder en Brasilia. Principalmente a los que somos demócratas. Los bellos y modernísimos edificios de los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo, aunque por fuera quedaron intactos, por dentro fueron totalmente destruidos, principalmente sus muebles y decoración. Los vándalos en número aproximado a 50 mil, atacaron estos edificios a vista y paciencia de los policías, que nada hicieron. (Eran tan pocos que nada podrían hacer). Los policías que cuidaban de estos edificios, hasta indicaban cuales era los corredores que daban a las oficinas principales, a los vándalos. La única que se salvó fue la oficina de Lula, porque es blindada. Con la reacción furiosa de la opinión pública, la policía que llegó para ayudar consiguió apresar 130 vándalos en el acto (en flagrante). Hoy, con la ayuda del ejército y ya con la intervención militar ordenada por Lula, más de 1200 personas fueron detenidas y llevadas para un lugar militar, en 50 buses.

Lula ha salido fortalecido de este evento bochornoso. Ordenó la intervención del Estado Capital Brasilia, el Tribunal Supremo de Justicia alejó el gobernador por 90 días. Los presidentes del Parlamento le han asegurado fidelidad a Lula, en defensa de la Democracia ante el golpe civil (que en verdad no lo es), la opinión pública le da sus simpatías de apoyo al Lula, el PT nombra más camaradas en los puestos llaves secundarios y terciarios, el lula se cree más emperador que presidente después de esto.

Todos culpan a Jair Bolsonaro por los hechos y el expresidente ni se importa con eso, pues está disfrutando sus merecidas vacaciones en Miami – USA. Políticos partidarios de Lula piden su extradición para juzgarlo y meterlo preso, tal cual hicieron los bolcheviques (gente mala) con la ex presidenta de Bolivia, Yanine Agñez injustamente presa y encarcelada.

Los vándalos que asaltaron los palacios de Brasilia le han hecho un gran favor a Lula: lo dejaron más fuerte. Ninguno de esos vándalos ha leído un libro de historia en que se relata que después de los comunistas quemaron el Reichstag alemán, Hitler lo usó como pretexto para quedarse más fuerte, eliminó el Partido Comunista y aprovechó de eliminar todos los demás Partidos políticos, quedándose como dictador absoluto. De la misma forma, cuando Lenin aplastó la revuelta de la Fortaleza de Kronstad de los Socialistas Democráticos contra la dictadura de los bolcheviques, Lenin la asumió completamente.

Es decir, este asalto en Brasilia ha sido una fantástica fuente de más poder para Lula y su gobierno.  El tiro les salió por la culata a los vándalos anticomunistas. Eso es por la falta de un líder dentro del país que los guie y los incite a hacer cosas más útiles para desenmascarar a los bolcheviques del gobierno de Lula.

No hay duda que Jair Bolsonaro es el más anticomunista declarado de todos los políticos (y eso agrada a millones de brasileños), pero les falta liderazgo. No tiene programa económico ni social ninguno para el Brasil. Cree que sus seguidores tienen que seguirlo como los soldados siguen a sus jefes. En política, NO es así. Los seguidores siguen a sus líderes, no a sus jefes.

Por último, Jair Bolsonaro está en depresión y parece que va a demorar mucho tiempo en pasar. Hay que buscar otro líder para el anticomunismo, pero que sea también un estadista.

Esta es una opinión personal del autor: Sergio Raul Menares Becker.

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